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Este capítulo tuvo como objetivo dar un primer reporte de patógenos vegetales presentes en acuapónica, revisando métodos reales y posibilidades futuras para controlarlos. Cada estrategia tiene ventajas y desventajas y debe diseñarse a fondo para adaptarse a cada caso. Sin embargo, en este momento, los métodos curativos en sistemas acuapónicos acoplados siguen siendo limitados y se deben encontrar nuevas perspectivas de control. Afortunadamente, se podría considerar la supresión en términos de sistemas acuapónicos, como ya se ha observado en hidroponía (por ejemplo, en medios vegetales, agua y filtros lentos). Además, la presencia de materia orgánica en el sistema es un factor alentador cuando se compara con los sistemas de cultivo sin suelo que utilizan fertilizantes orgánicos, medios vegetales orgánicos o enmiendas orgánicas.

Para el futuro, parece importante investigar esta acción supresora seguida de la identificación y caracterización de los microbios o consorcios de microbios responsables. Sobre la base de los resultados, podrían preverse varias estrategias para mejorar la capacidad de las plantas para resistir a los patógenos. El primero es el control biológico mediante la conservación, lo que significa favorecer a los microorganismos beneficiosos mediante la manipulación y gestión de la composición del agua (por ejemplo, relación C/N, nutrientes y gases) y parámetros (por ejemplo, pH y temperatura). Pero la identificación de estos factores influyentes debe realizarse primero. Este manejo de bacterias autotróficas y heterotróficas también es fundamental para mantener una buena nitrificación y mantener peces sanos. La segunda estrategia es el control biológico aumentativo mediante la liberación adicional de microorganismos beneficiosos ya presentes en el sistema en grandes cantidades (método inundativo) o en pequeñas cantidades pero repetidas en el tiempo (método de inoculación). Pero debe lograrse la identificación previa y multiplicación de un ACB aquapónico. La tercera estrategia es la importación, es decir, la introducción de un nuevo microorganismo que normalmente no está presente en el sistema. En este caso, se necesita la selección de un microorganismo adaptado y seguro para el ambiente acuapónico. Para las dos últimas estrategias, el lugar de inoculación en el sistema debe considerarse en función del objetivo deseado. Los sitios en los que se podría mejorar la actividad microbiana son el agua recirculada, la rizosfera (incluidos los medios vegetales), el biofiltro (como en los filtros de arena lenta donde ya se ha probado la adición de BCA) y la filosfera (es decir, parte de la planta aérea). Cualquiera que sea la estrategia, el objetivo final debe ser guiar a las comunidades microbianas a proporcionar un entorno microbiano estable y ecológicamente equilibrado que permita una buena producción tanto de plantas como de peces.

Para concluir, seguir los requisitos del manejo integrado de plagas vegetales (IPM) es una necesidad para gestionar correctamente el sistema y evitar el desarrollo y la propagación de enfermedades vegetales (Bittsanszky et al. 2015; Nemethy et al. 2016). El principio del IPM consiste en aplicar plaguicidas químicos u otros agentes como último recurso cuando se alcance el nivel de perjuicio económico. Por consiguiente, el control de los patógenos deberá basarse en primer lugar en métodos físicos y biológicos (descritos anteriormente), su combinación y una detección y seguimiento eficaces de la enfermedad (Parlamento Europeo, 2009).


Aquaponics Food Production Systems

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